Después de Viena y de un interminable viaje en autobús, llego por fin a Roma, un viaje esperado desde hacía meses, pues Roma es, mires a donde mires, preciosa.
Además, tuve la suerte de llegar en un momento curioso, una gran manisfestación en la que se destrozaron escaparates y mobiliario urbano de todo el centro. Fue extraño ver esta ciudad tan hermosa, antigua, llena de historia, rodeada de furgones de policía, cristales rotos por el suelo y pintadas en las paredes...
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Roma es la primera ciudad en la que entré en una cafetería para tomar un cappuccino. Nunca me ha gustado el café pero pensé que en Italia tenía que darle una oportunidad. Y no fue tan terrible, si no tenemos en cuenta que no sé ni cómo, me metí en la cafetería más cara de Roma, o quizá de Europa. Me senté y despreocupadamente, pedí un cappuccino y una galleta y cuando ya casi me lo había terminado, curioseando, dí con la lista de precios que estaba sobre la mesa. La galleta ya ni me cabía pero me la comí enterita, vamos si me la comí, pues acababa de darme cuenta de que me iban a cobrar por esa mini merienda ni más ni menos que ¡8 euros!... Una rabia interna me empezaba a subir por la espalda cuando, de repente, la voz de Franco Battiato, que sonaba en la radio de la cafetería, me llevó lejos, muy lejos y compensó los 8 euros y muchos más. Escuchar a Franco Battiato, en Roma, y en italiano... Fue un gran momento.
Franco Battiato vídeo original con intro: http://www.youtube.com/watch?v=Y1tXa4Zr_H4&feature=related
Arrivederci Roma. Fui a la Fontana di Trevi, sí. No tiré la moneda. Pero pienso volver.

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