miércoles, 5 de enero de 2011

Bote de yogur de kilo.

Sol y yo fuimos al súper, compramos un yogur de kilo, tipo bote de pintura, de chocolate. Duró poco, muy poco.
Siempre me gusta ir a los supermercados cuando llego a un país nuevo, y ver la cantidad de cosas distintas que se pueden encontrar, las cajas y envases con fotos y letras que no consigo descifrar, eso me hace sentir que estoy en un lugar que no conozco, que no me pertenece.

Unos tanto, otros tan poco.
Me gusta esa sensación que tienes cuando viajas solo, sin guía, agencia ni nadie que te vaya llevando de aquí para allá como a un títere, facilitándotelo todo hasta el punto que podrías pasar todo el viaje con los ojos cerrados y no te perderías, podrías comer todos los dias, encontrarías el lugar donde dormir cada noche... Pero cuando estás solo, puedes experimentar la sensación de ser menos hábil que cuando estás en tu ciudad, de sentirte a veces torpe, muy torpe, de que la gestión más simple, como ir a comprar un yogur al súper, se convierte en un algo que no puedes hacer de forma mecánica, por inercia. Y eso es lo que te hace sentir despierto, atento, consciente de cada instante.

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